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Historias chaqueñas a 40 años de Malvinas

  "Fuimos a defender la patria, pero hoy estamos olvidados y dejados de lado por el gobierno"

Rubén Carlos Cardozo es de Machagai. Repasa en esta charla parte de su historia de vida en torno a la guerra y al después.

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Nació en el campo, a unos 35 km de Machagai. Vivió ahí hasta los 16 años. Después se trasladó a la ciudad de Resistencia a buscar trabajo. Tenía 19 años cuando lo llamaron para hacer el Servicio Militar Obligatorio. 

Fue y se incorporó, el 14 de marzo de 1981, al ERI 5 de Paso de los Libres, Corrientes. Su lugar era el "rancho", así le llamaban a los que estaban en la cocina, lugar donde se mantuvo durante de un año. El 2 de abril de 1982 las Fuerzas Armadas desembarcaron en las islas, tomaron la capital, Puerto Argentino, y derrotaron a una pequeña guarnición británica. 

A Rubén Carlos Cardozo ya le estaban por dar la baja. Llevaba más de un año en el Servicio Militar Obligatorio. Pero en lugar de la baja, primero le notificaron que podía ir a las islas "de apoyo". Después, directamente le llegó la orden de ir a las Malvinas. 

"El 20 de abril partí primero a Paraná, Entre Ríos. Desde ahí, en un vuelo de la Línea Austral, sin asientos, sentados en el piso, viajamos a Comodoro Rivadavia, Chubut. Fueron más de dos horas de vuelo. Allá nos bajamos, estuvimos haciendo guardia, y después a Malvinas. De Corrientes habíamos salido con 30 o 40 grados. Allá teníamos temperaturas bajo cero. Se nos cortaban la nariz, la cara y las orejas. No teníamos abrigos suficientes", recuerda. 

Estuvo en Puerto Howard, que mientras duró el conflicto los argentinos bautizaron Puerto Yapeyú, donde estaban la Compañía ERI 5, Compañía A, Compañía B y Compañía Comando.

—¿Qué hacías en Malvinas?

—Allá fui a hacer el servicio de rancho junto a otros compañeros. Hacíamos la comida para todos los soldados. Cuando había víveres hacíamos comida; cuando no, no. En un aljibe de los kelpers sacábamos el agua para el mate cocido, para cocinar y para lavar la olla. Teníamos que caminar unos 500 metros hasta donde estaba el aljibe.

Había un soldado que sabía inglés y era el encargado de establecer contacto con los kelpers. Le pedíamos agua y comida. Ellos nos traían ovejas y eso comíamos, un poco crudo, porque no podíamos hacer fuego. Los kelpers nos traían carneado el animal, no había otra cosa para comer. Para traer víveres donde estábamos tenían que cruzar el estrecho de San Carlos; ese lugar estaba ocupado por los ingleses, así que no pasaba nada por ahí.

Esas cosas que se ven en la película "Iluminados por el fuego", donde los soldados atrapan ovejas, nosotros no lo hacíamos. Esa soltura nosotros no la teníamos. Los suboficiales estaban detrás de nosotros en cada movimiento. Los oficiales se escondían todo el tiempo. Los cabos y cabo primero no más estaban con nosotros. Pasamos muchas necesidades. En la zona donde estábamos había pocos habitantes ingleses, recuerdo que eran 10 o 20 casas, a lo lejos. Cuando los ingleses nos atacaban nunca tiraban donde estaban las ovejas. Nos tiraban a nosotros. Ellos tenían más información y herramientas de precisión que nosotros. Tuvimos ataques fuertes el 1º, el 25 y el 26 de mayo. Nos atacaban por aire, por agua y por tierra".

—Al estar en la cocina ustedes eran los primeros que sabían que no había víveres…

—Recuerdo que el 14 de junio amanecimos y se dio la rendición. Nosotros llevábamos 7 u 8 días donde no teníamos nada para comer. Fue una semana muy fea para nosotros. No teníamos ni mate cocido; agua salada, nomás teníamos. Cuando llegó la orden de la rendición no nos explicaron nada. Caminamos unos kilómetros y en un descampado teníamos que dejar nuestras armas. Todo el regimiento pasó a dejar sus armas. Éramos más de mil soldados. Estábamos todos en grupos de tres, venía el helicóptero y nos alzaban al buque. Nos mandaron a bañar y después nos hicieron la revisión médica. Nosotros hacía semanas que no nos bañábamos, porque no teníamos agua caliente.

Cuando nos revisaron los médicos nos dieron sopa caliente. Los ingleses nos atendieron de maravilla. Nos dieron de comer, nos hacían bañar, y dormíamos bien. Estuve prisionero del 14 al 21 de junio. El 22 nos trajeron a Puerto Madryn, Chubut. Después nos trasladaron a Campo de Mayo, Buenos Aires. Ahí nos dieron de comer como si fueran pollos para engordar. Estábamos muy flacos. Cuando me fui tenía 66 y cuando volví tenía 54 kilos. Después, a cada soldado lo enviaron a su regimiento. En mi caso volví a Paso de los Libres. El 5 de julio de 1982 me dieron la licencia total, la baja de la colimba. Además nos entregaron el pasaje en tren hasta Corrientes, después cada uno tenía que arreglarse como podía. Recuerdo que después que nos bajamos del tren caminamos por avenida Maipú y después por 3 de Abril. Éramos un montón de soldados sin un peso y sin nada para comer. Más de mil soldados caminando por las calles de Corrientes con rumbo al Chaco.

—¿Pudiste llegar a Resistencia y te quedaste acá, o volviste a Machagai? ¿Conseguiste trabajo pronto?

—Me quedé en Resistencia. Antes de irme trabajaba en un taller mecánico y me volvieron a emplear. Después pasé a laburar en mantenimiento de Flecha Bus, ahí me jubilé. Mi familia vendió todo en Machagai y compraron una casa en Fontana. Así que están todos acá cerca. Desde que llegué trabajé. Nunca trabajé en la Provincia. Me presenté en Casa de Gobierno para buscar trabajo y nunca me dieron, en ese momento todavía estaba el gobierno de facto. Después, ya en democracia, fui a buscar trabajo, pero los políticos no me dieron nada. Así que siempre me arreglé por mis propios medios. 

—¿El Estado sigue en deuda con ustedes?

—Lo que pasa es que estamos muy olvidados, especialmente por el gobierno nacional. Nos deben mucho. No nos hicieron el reconocimiento histórico que merecemos. Los medicamentos con Pami pagamos plus como todos. Casi todos los que fuimos a Malvinas estamos cumpliendo 60 años. Estamos en la tercera etapa, con lo que hicimos tendrían que reconocernos de otra forma. Fuimos a defender la patria, pero hoy estamos olvidados y dejados de lado por el gobierno.

—¿El país debería recuperar las Islas Malvinas?

—Sí, se tienen que recuperar. No haciendo una guerra, pero hay que recuperar las Malvinas. Creo que deben recuperarse hablando, no con guerra. No como están haciendo en Rusia y Ucrania, tirando bombas donde hay civiles y gente inocente. Se puede arreglar todo hablando. Con la guerra se funde todo. Se mata mucha gente. El pueblo se viene abajo porque los precios de las cosas suben. Las consecuencias se notan en todas las etapas de la vida. 

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